El padre

June 19, 2011

Un poema dedicado a nuestro querido dictador caído (el héroe olvidado): ‘El padre’ (como video no vale gran cosa, sólo denle play)…
* Se nombra a una ‘Negra’, que es la manera de llamar a las mujeres blancas de cabello negro en Argentina, en este caso es la mamá.

 

Héctor Gagliardi – El padre

El padre…
¿Y Negra… te puedo hablar…? Ya los pibes (niños) se han dormido, así que deja el tejido que después te equivocas, y hoy te quiero preguntar por qué motivo las madres de la mañana a la tarde amenazan a sus hijos con ese estribillo fijo: ¡Ah… cuando venga tu padre…!
Y con tu padre de aquí y con tu padre de allá, resulta de que al final al verme llegar a mí, lo ven entrar a ‘Caín’ y escapan por todos lados, y yo que vengo cansado de trabajar todo el día, recibo por bienvenida una lista de acusados…
Vos empezás con tus quejas y yo, tengo que enojarme, lo mismo que hacía mi Padre cuando escuchaba a la Vieja… que entraba a fruncir las cejas apoyando a esa fiscal que en medio del temporal se erigía en defensora, lo mismo que vos ahora ¡qué siempre… me dejas mal…!
Si los perdono… ¡Qué ejemplo…! ¡Así es como los educo…! Si los castigo… ¡Sos bruto, no tenés sentimientos…!
A mí, a mí que llegué contento y no tuve más remedio que poner cara de serio y escuchar tu letanía…
¡A mí, que me paso el día pensando jugar con ellos…!
¡Yo sueño llegar a casa y olvidarme felizmente del trabajo, de la gente, y de todo lo que pasa…!
Los hijos son la esperanza, el porqué de nuestras vidas, por eso… nunca le digas: ¡Ah… cuando venga tu padre…!
¡No quiero encontrar culpables, quiero encontrar alegría…! ¡Qué no me pongas de escudo como lo hacía mi Madre, que consiguió que a mi Padre lo imaginara un verdugo…! ¡Él llegaba… él llegaba y te aseguro que terminaban las risas y en lugar de una caricia y de hablarle como a un amigo, lo miraba compungido presintiendo una paliza…!
Y el pobre que me entendía, sacudiendo la cabeza escuchaba con tristeza lo que mi Madre decía -y que él de sobra sabía-: ‘¡Qué con éste no se puede, que me ensució las paredes, que la calle, la pelota, que trajo muy malas notas y me saca canas verdes…!’.

‘¡A la cama, sin comer!’ -aburrido me ordenaba- mi Madre me consolaba y yo lo culpaba a él… a él que había llegado recién de trabajar, tan cansado… y ya lo había amargado con todas mis travesuras…! ¡Yo era una criatura pero jamás lo he olvidado…!
Los hijos… los hijos nunca analizan el sentimiento del Padre, porque el brillo de la madre es tan fuerte que lo eclipsa; sólo le hacemos justicia a su íntimo sentir cuando nos toca vivir a nosotros su problema…
¡Ah… si mi Padre supiera que recién lo comprendí…! ¡Y por qué nunca me dijo del modo que me quería, si hoy yo sé cómo sufría al ver enfermo a su hijo…! ¡Por qué me miraba fijo el primer pantalón largo y sé que me habrá besado cuando yo estaba durmiendo…!
Hoy que todo lo comprendo ¿Por qué no estará a mi lado…? ¡Por qué no estarás ahora, ahora para abrazarte bien fuerte viejo lindo… y ofrecerte mi cariño a todas horas…!
¿Ves a tu hijo que llora…? ¡Pero… llora con razón, porque te pide perdón al pensar en esos días en que ciego no veía que eras todo corazón…!
¡Dejame Negra que llore, es tan lindo desahogarse…! ¿Vamos a ver lo que hacen nuestros futuros señores… mmm? ¡Miralo, esos pantalones…! ¡Tapala un poco a la piba…! ¡Sí… ya sé… no me lo digas… ‘Hoy se fue a la calle sola…’!
¡Acostate rezongona… mañana será otro día…!
*

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Esas inservibles lonjas de plastico negro

April 27, 2011

Arqueología Reciente: Esas inservibles lonjas de plástico negro
(4 de diciembre de 1991)

Un amigo de colegio se aferraba a cierto borrador de goma aromática que trajo consigo de un viaje a Miami y que cargó durante años en su cartuchera, hasta que la pequeña pelotita de jebe era poco menos que un guijarro sucio y sólo servía para estropear la tarea. Probablemente todavía lo guarda en alguna parte. Si se descuida, cualquier día de éstos su señora, o algún otro ser desalmado, sepulta ese entrañable objeto en un tacho. Que es, por supuesto, el lugar que le corresponde.

El avance de la tecnología decreta la obsolescencia inapelable de ciertos objetos, aunque a ellos nos vinculen emociones que rara vez prodigamos a seres de carne y hueso, sobre todo de la variedad que camina erguida.
Estas líneas las escribo en una computadora que debió venderse hace años. No tiene disco duro ni nada que se le parezca. Su pantalla y memoria son diminutas para los parámetros actuales. Abrir un documento demora lo suficiente para hacer un viaje de ida y vuelta a la cocina en busca de (más) café. Si el documento es ‘grande’ –y en esta máquina grande quiere decir cualquier cosa sobre los 20 kilobytes– el tiempo de espera alcanza para una excursión al Haití.
Si aún no me deshago de la Macintosh 512 no es sólo por cuestiones económicas, aunque éstas tienen algo que ver: hace ocho años la máquina me costó el equivalente de lo que hoy se paga por una 386 con impresora láser y aire acondicionado. Si quisiera venderla, no me darían su peso en cartón.
Con esta computadora ingresé a la autoedición, usando un programa que el otro día me sirvió para un viaje nostálgico y hoy parece de juguete: PageMaker 1.2.
Con esta computadora hice mis primeros artículos periodísticos y mis últimos trabajos para la universidad. Venderla sería como abandonar a un perro fiel, sólo porque está viejo, ciego, pulgoso, huele mal y hace fruncir el ceño de visitas que carecen de tacto y sensibilidad.

El fin de semana estuve cinco minutos en una tienda ‘subte’ de Miraflores, y salí sintiéndome veinte años más viejo, por razones que pasaré a explicar si se me permite una digresión. Felizmente mi padre no es un seguidor asiduo de esta columna, porque recurriré a una anécdota que él preferiría olvidar.
Fue hace varios años. Aprovechando una mudanza –operación que hace estallar un volumen nunca imaginado de objetos inútiles– mi madre, siguiendo un impulso común a todas las mujeres, descartó sin miramientos media tonelada de objetos ajenos, calificados por su autoridad superior como ‘cachivaches’. Recuerdo vagamente al ropavejero que cargó su triciclo con grabaciones antediluvianas de jazz, en 78 RPM. Cuando mi padre supo el destino de las referidas reliquias, sus lamentos alcanzaron proporciones míticas. Prometeo no aulló con tanta furia.

Poco después mi hermano mayor llegó de visita a nuestra nueva casa. Estudiaba en los Estados Unidos y empezaba a cultivar una tibia afición por el jazz. Se pasó varias horas refiriéndole a mi padre –título por título– los precios exorbitantes que se pagaban por esas primeras ediciones de Duke Ellington (que mi madre cambió por una batea de plástico) en las tiendas especializadas de Nueva York.
Todavía no habían discos láser (CDs), o de repente sí. En algún laboratorio de Holanda, un equipo de ingenieros desalmados gestaba la destrucción de nuestra historia personal. En cambio empezaban a editarse grabaciones ‘electrónicamente depuradas’ de esos discos que mi madre había descartado y que –en honor a la verdad– no podían ser escuchados sin grave riesgo para la aguja del aparato y los oídos. En desagravio, la discoteca de la casa empezó a llenarse con grabaciones de jazz clásico en 33 RPM, discos nuevos como el Nuevo Sol y de excelente fidelidad.
La colección de nosotros, los chicos, avanzaba, modestamente por otros rumbos. Jethro Tull, Elton John, Cat Stevens, Santana, Grand Funk. Mi hermana escuchaba a un engendro, Engelbert Humperdinck. Allí está, en algún lugar de la casa, esa funda donde aparece el abominable Humperdinck vestido de smoking con bobitos.

Entonces llegó el disco láser (CD) y fue el fin del mundo como lo conocemos. Mi padre se compró su primer compacto hace un par de años y hoy tiene una colección respetable. Después de la trágica desaparición de sus bienamados 78, quedó expedito para el cambio, y su adaptación, ayudada por circunstancias económicas favorables, ha sido rápida e indolora. No puedo decir lo mismo, y aquí es donde esta crónica engancha con el presente.
Paradójicamente, la tienda ‘subte’ a la que entré queda en un segundo piso. No tiene cartel ni identificación alguna en la puerta. Se ingresa por el garaje de un edificio en Diagonal. La calificación ‘subte’ vale por ser ése el género musical y los parroquianos que dominan la escena: hard rock, ruido para chiquillos sordos. También se ofertan polos con calaveras étnicas en colores fosforescentes y otros distintivos de retardo mental inducido por la droga. Hay algunos anaqueles, los menos, con música de otros géneros. Lo que no hay en esa tienda semiclandestina es un solo disco de verdad. Todos son chiquitos y brillantes. Todos son láser (CD).

Al distinguir unas fundas del tamaño ‘normal’, sentí por un instante revivir un vínculo con el pasado. Cogí el disco: era un Homenaje a John Coltrane y costaba 60 dólares. Le pregunté a la chica por qué los discos normales eran más caros que los láser. Ella no pudo ocultar cierto desprecio:
‘Ese disco es un video-digital (LaserDisc)’, me informó bruscamente.

Qué viejos nos hace el futuro.
*

LaserDisc


Madre

May 19, 2010

Madre, cuando recojas con tu frente mi beso
todos los labios rojos que en mi boca pecaron
huirán como sombras cuando se hace la luz.
Madre, esas arrugas se formaron pensando:
“¿dónde estará mi hijo, por qué no llegará?”
y por más que las bese, no las podré borrar.
Madre, tus manos tristes como aves moribundas
déjame que las bese
tanto, tanto han rezado
por mis locos errores y mis vanas pasiones.
Y por último, madre, deja que me arrodille
y sobre tu regazo coloque mi cabeza
y dime “hijo de mi alma”, para llorar contigo…
*


Una De Las Mejores Frases Del Cine (Fresa Y Chocolate)

April 25, 2010

David defendiendo a Diego (su amigo gay) ante Miguel, ambos miembros de la Juventud Comunista Cubana…

David: Pero yo estoy aquí. Y él también está aquí. ¿Por qué no puede ser revolucionario?
Miguel: ¡Porque la revolución no entra por el culo, chico!
*


Ayer: Cinema Paradiso & Tango

April 19, 2010

Martes 6 de mayo del 2008

Desde el viernes ultimo, al fin, tenia en mis manos una de mis peliculas favoritas, aquella que nunca habia podido ver completa: Cinema Paradiso (mi hangout movie). La consegui en DVD alternativo, lease pirata. Aun no me habia dado tiempo para verla como se debe (sin distracciones) y la noche de ayer lunes estaba reservada para ello. En la mañana de ayer me entere de un concierto, por la inauguracion de La Semana Del Arte Lima 2008, del Esteban Morgado Cuarteto (tango contemporaneo instrumental) desde Argentina, que se realizaria en la noche.
La verdad, no estaba con muchas ganas de asistir, pero el revisar su pagina y oir algunas canciones me animaron. Prometian.
Llegue a las 7 pm., con el tiempo justo. Ya se escuchaban los aplausos de turno del publico apurando a los musicos… El concierto incluia pareja de baile, muy buena por cierto. El concert que duro hora y media incluyo, ademas de temas propios, versiones muy logradas de Astor Piazzolla.

Comenzaron con un clasico: Por una cabeza (de Gardel y Le Pera, la escuchaba con una lagrima en la garganta), luego… Oblivion, Adios nonino…
Para mi total sorpresa el lider del cuarteto anuncia un medley de temas del Soundtrack de Cinema Paradiso (¿coincidencia?) en version logica de tango. Muy bien ejecutado, sentimental.
Le siguieron…
Llega la mañana (noche de bohemia para luego filosofar esperando el amanecer), Verano porteño, y cerro el concierto: Libertango, con un largo solo de guitarra como intro. Los asistentes los despedimos aplaudiendo de pie. Awesome.
Tambien incluyeron versiones de Every breath you take de Sting, y 2 temas juntos: Bohemian rhapsody de los Queen y A day in the life de The Beatles.

Regrese a casa y llego el momento. Puse el DVD de Cinema Paradiso, elegi subtitulos en español, le di Inicio… y llore las 2 horas que dura el film. Un sentido homenaje al cine…

A mitad de la película, mientras Toto permanecía en silencio, Alfredo (ciego ya) le decía:‘Vete de aquí, esta tierra es mala. Vete de aquí, ¡el mundo es tuyo!, no quiero oírte hablar más, quiero oír hablar de ti’.
Luego, Toto, solo, sentado en la plaza, se despedía en silencio de su pueblo, mientras llegaba el ocaso del día y de sus dias en éste. Su Giancaldo de toda la vida.
En la Estación del Tren, con un abrazo… Alfredo se despedía del hijo que no tuvo y Toto del ‘padre’ que ocupó el lugar de aquél que falleció en la guerra. Mientras Alfredo le suplicaba: ‘No vuelvas más. Nunca pienses en nosotros, no mires atrás, no escribas. No dejes que la añoranza acabe contigo, olvídanos a todos. Si no resistes y vuelves, no me busques. No entrarás en mi casa. ¿Entendiste?’.Y Toto: ‘Gracias. Por todo lo que hizo por mí’. Y Alfredo… ‘Hagas lo que hagas. Ámalo como amaste la cabina del (Cinema) Paradiso, cuando eras pequeño’.

Mientras se desarrollaba la trama del filme, desde el inicio me parecio reconocer las letras de algunos tangos: Cafetin de Buenos Aires, El dia que me quieras, Volver, La casita de mis viejos, Cuartito azul… en ese orden y solo por citar algunos. La verdad sea dicha, el guion de Cinema Paradiso se parece a un rompecabezas cuyas piezas son las letras de los tangos mas sentidos, todas girando en torno al Cine, claro.

No lleve camara de fotos ni de video, asi que no registre nada, pero les dejo algunos videos:

Esteban Morgado Cuarteto – Cinema Paradiso

Esteban Morgado Cuarteto – Libertango


Welcome to the Dark Side of the Force!

January 23, 2010

Clone2