Madre

Madre, cuando recojas con tu frente mi beso
todos los labios rojos que en mi boca pecaron
huirán como sombras cuando se hace la luz.
Madre, esas arrugas se formaron pensando:
“¿dónde estará mi hijo, por qué no llegará?”
y por más que las bese, no las podré borrar.
Madre, tus manos tristes como aves moribundas
déjame que las bese
tanto, tanto han rezado
por mis locos errores y mis vanas pasiones.
Y por último, madre, deja que me arrodille
y sobre tu regazo coloque mi cabeza
y dime “hijo de mi alma”, para llorar contigo…
*

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